viernes 1 de abril de 2011

Testigo del tiempo

A los 75 años, Eduardo Steimbrecher es el único de los socios fundadores de la Cooperativa Eléctrica que aún vive. Desde su óptica, habla de Loma Verde en pasado, presente y futuro.

Eduardo Steimbrecher fue uno de los fundadores de la Cooperativa de Electricidad de Loma Verde y es el único de ese grupo que aún está vivo. Integrante del Consejo de Administración durante muchos años, impulsó junto con sus compañeros de época la creación de la sala de primeros auxilios y otros proyectos que beneficiaron a la comunidad. Pastor evangélico hace décadas, hoy ayuda a la comunidad desde ese lugar.

A primera impresión, tiene la calidez y amabilidad de alguien de pueblo. Es jueves a mediodía y el almuerzo está servido, por lo que la entrevista se convierte en una deliciosa charla con sobremesa y todo. Entre los aromas de la comida casera preparada por su esposa, Eduardo rememora otras épocas y las comparte con Escobar Norte.

¿Qué recuerda del tiempo de gestación de la Cooperativa?

Acá había una Sociedad de Fomento, donde se hacían reuniones de vecinos por distintos temas. Loma Verde no tenía luz eléctrica en esa época y Segba no iba a llegar nunca. Entonces se nos ocurrió crear una cooperativa para traer electricidad al pueblo.

En 1970 empezamos a organizarnos. Al principio nuestra sede y centro de reuniones era un almacén llamado “La Clarita”. Por otro lado, José Simons, otro socio fundador, nos prestó una oficina en Capital. Tardamos dos años en hacer los trámites y en construir la infraestructura necesaria.

¿Fue difícil armar la Cooperativa?

No. Hubo que hacer muchos trámites y presentar proyectos en la Comisión Nacional de Energía. Ahí pedimos créditos y nos financiaron el 80% de las obras. Tuvimos que planificar bien todo. Calcular la cantidad de vecinos y la cantidad de energía que íbamos a necesitar, cómo la íbamos a transportar, cuánto cable necesitábamos, etcétera. El proyecto estaba muy bien armado. Lo hizo un señor llamado Mazza, que sabía del tema. Los de la Comisión Nacional de Energía lo creyeron y nos prestaron la plata para construir la infraestructura necesaria para empezar. El crédito era a pagar en 15 años, pero ya a los 9 habíamos pagado todo.

¿Se acuerda de la primera vez que prendieron una luz eléctrica en Loma Verde?

Sí, claro. Fue en la escuela pública Ricardo Rojas, en un acto de fin de año. Ahí, con todos los vecinos presentes, prendimos la primera lámpara. Fue maravilloso. La noticia corrió como pólvora entre los vecinos. Estábamos todos muy felices. Imaginate el aplauso, la alegría. Estaba todo el pueblo ahí viendo cómo se prendió la primera lamparita. Lástima que no se sacaron casi fotos, no se filmó nada…

¿Cómo era Loma Verde en esa época?

Yo vine en 1946. No existía la ruta 9. Esto era puro campo, ni árboles había. O sea que no teníamos leña tampoco. Calentábamos los hornos de barro con cardos y hacíamos pan y otras cosas. Yo trabajaba en las chacras cultivando batatas, coliflor, maíz, cebolla. Ya no quedan más las chacras esas, desaparecieron todas. Ahora hay casas o barrios privados en las tierras donde estaban las chacras. La verdad que la Cooperativa trajo electricidad y otras cosas a esta zona.

¿Cómo ayudó la Cooperativa para desarrollar Loma Verde?

Para empezar, trajo la electricidad, pero también trajo trabajo. Hubo mucha gente trabajando para construir esa infraestructura y distribuir electricidad a toda la comunidad. Otra cosa muy importante que hizo la Cooperativa fue construir la salita de primeros auxilios. Tuvimos que rellenar un metro de terreno para que no se inunde. Si te fijás, hoy se nota una ligera pendiente hacia la calle. La hicimos bien alto. Eran dos consultorios y una sala de espera. La construimos toda nosotros. Los médicos los ponía la Municipalidad, pero nosotros decidimos incentivar a los médicos para que trabajen en la salita. ¿Qué hicimos? Decidimos que la Cooperativa les pagara medio sueldo extra. Con ese incentivo nos aseguramos que siempre hubiera médicos con ganas de trabajar en la salita de Loma Verde. Todos querían venir a trabajar acá. Y así nació la salita, más o menos 10 años después de fundar la Cooperativa. Y tuvieron que pasar otros 10 años para que un intendente se dignara a venir a ver lo que habíamos hecho. Además, se hizo la biblioteca de la Cooperativa. Yo tuve parte porque les hice el proyecto, pero se construyó cuando ya me había ido ya.

¿Cómo ve la Cooperativa hoy?

La veo bien. Hay gente seria, responsable y de confianza trabajando ahí. Yo lo conozco a Raúl, el presidente, desde que era pibe y repartía el diario en Loma Verde. Es importante que haya un tipo honesto al frente de la Cooperativa. Hoy los socios están satisfechos con el servicio y eso es importante.

¿No piensa en volver a involucrarse a nivel directivo?

No. Yo considero que hice mi parte en la etapa fundacional. Ahora estoy muy metido en la Iglesia, en lo espiritual. Estamos trabajando muchísimo. Hacemos retiros espirituales que logran transformar y sanar a las personas, ayudamos a gente con adicciones de drogas y alcohol. Ya tenemos siete iglesias. La más alejada está en el Calafate. Los invito a todos los que quieran escuchar la palabra del señor a que vengan a visitarnos. Y también a todos los que tienen amigos con adicciones, les digo que se acerquen, que los vamos a ayudar.

¿Cómo ve al Loma Verde actual?

Ha cambiado mucho. No había nada. No había trabajo acá… la gente tenía que ir a trabajar afuera. Con la llegada de la Cooperativa vino el trabajo y la gente se quedó a vivir. Bastante bien. Hay cosas importantes que están pasando. El parque industrial va a generar trabajo y habrá un beneficio municipal también, porque van a recaudar mucho y con eso podrían hacer obras de calidad. También hay muchos countries en Loma Verde y eso hizo que más gente esté viviendo en la localidad.

¿Y qué le falta, prioritariamente?

Agua y cloacas, es algo muy importante que necesitan los vecinos. Además, los impuestos están muy caros y las calles son un desastre. La verdad que podrían estar hechas un billar con sólo pasar la máquina cada 30 ó 60 días. Antes estaban mejor. Hoy esperan a que estén destruidas para pasarles la máquina y mejorarlas un poco.

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