lunes 2 de abril de 2012

Por el buen camino

Armando Castro (42) llegó a la Cooperativa con el nuevo Consejo de Administración, “hace aproximadamente cinco años”. Es oriundo de Belén de Escobar, pero hace 11 años se mudó a Loma Verde. Sólo conocía la zona de nombre y había estado algunas veces con sus padres, cuando era chico, comiendo en un restaurante que ya no existe. “Era como ir al campo”, recuerda.

“Estaba buscando un terreno para comprar y una amiga me comentó que una tía de ella tenía unos terrenos que había adquirido como 50 años atrás, cuando pasó por acá camino a Rosario. Vine a ver el lugar, me gustó y compré. Pensé que quizás lo tendría como inversión y lo vendería en unos años. Pero me puse a arreglarlo y me fui quedando”.

Armando cuenta que cuando llegó Loma Verde era apenas un poblado donde no había necesidad “ni de atar la bicicleta”. Una de las primeras cosas que hizo fue movilizar a los vecinos e ir a hablar a la Municipalidad para hacer una plaza, “porque no había un lugar donde los chicos pudieran jugar”. Dice que siempre le gustó trabajar en equipo y a pulmón, sobre todo si se trata de hacer cosas para ayudar a los demás.

Con respecto a su acercamiento a la Cooperativa, donde hoy se desempeña como protesorero, cuenta que se acercó motu proprio cuando se enteró que la nueva comisión directiva venía con vientos de cambio. “Empecé a ir a las reuniones por curiosidad y me terminé quedando. Intentamos que esto funcione lo mejor posible porque es para todos los que vivimos acá. Somos un grupo de gente con mucha voluntad. Aunque como en todo grupo tenemos nuestras discrepancias y a veces se complica tomar decisiones con las que todos estemos de acuerdo, lo que queremos es mejorar el servicio cada día más”.

Se tomó su tarea muy en serio y en los primeros tiempos iba todos los días y aportaba la mayor cantidad de tiempo libre que le dejaba su trabajo en una empresa de cable. “Al principio fue complicado, porque nos encontramos con la Cooperativa muy desordenada, cosas que cuando uno llega no se imagina que pueden pasar. En cuanto empezamos a adentrarnos en los pormenores nos dimos cuenta de que era una empresa con intereses un tanto diferentes a los de una Cooperativa, y eso fue una complicación, porque la gente tenía costumbres que no eran sanas. Creo que siempre fui como un fusible, porque nunca me dio miedo decir: ‘Esto está mal’. Aunque luego repercuta en la relación personal y laboral con la persona. Soy muy enérgico al decir que esto es una Cooperativa y que no tiene fines de lucro. Solo se trata de darle un beneficio al cliente”.

Con la reestructuración que se hizo, las tareas en la Cooperativa se despersonalizaron. Ahora todos intentan estar interiorizados del trabajo del otro porque saben que lo que hace uno tiene un efecto en los demás y, finalmente, en el cliente.

“Nos faltan lograr un montón de cosas que se van aprendiendo con la experiencia y la organización. Lo más importante es que sabemos cuál es el rumbo, tenemos que lograr ir todos hacia el mismo lado”, concluye Castro.

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