miércoles 1 de junio de 2011

Parte de la familia

Gladys Mabel Miño y Atilio Montero trabajan en la Cooperativa desde hace varias décadas. “Acá hicimos una familia y nos sentimos como en casa”, coinciden.

Atilio (54 años) ingresó en los ‘70. En principio fue podador. “Los árboles son un peligro para los cables y cada tanto es necesaria una poda”, explica. Con el tiempo fue desarrollando otras habilidades y aprendiendo de sus compañeros de trabajo. Hoy se dedica a tender cables y controlar medidores. Tantos años recorriendo las calles de Loma Verde hicieron que sea un personaje conocido en todos los barrios.

Gladys entró en 1986 y comenzó cumpliendo tareas administrativas, sólo unas horas, los domingos. En ese momento creía que sería algo temporario. Pero luego aprendió tareas de contabilidad y se hizo un lugar en el control de los números y las estadísticas de la Cooperativa. Sueldos, impuestos, consumo eléctrico y muchas cosas más pasan por su implacable observación.

Tanto uno como otro cumplen funciones de gran importancia para el funcionamiento diario del servicio eléctrico y de la Cooperativa en general. Atilio controla la seguridad y el consumo eléctrico en las calles, mientras Gladys contrasta la información desde la oficina. Sus trabajos se complementan y es por eso que están constantemente comunicados.

Loma Verde creció mucho en todos estos años. Estos históricos e incansables trabajadores recuerdan que la zona era, en otra época, muy poco poblada. “Acá era todo campo. Muchas vacas, choclos, batatas. Sólo estaba la ruta 9 vieja y nada más. No había ni un country. Ha cambiado mucho”, recuerda Atilio. “Poco a poco se fueron construyendo casas de fin de semana”, agrega Gladys.

A medida que el progreso llegó de la mano de la Cooperativa, mucha gente se estableció de forma permanente. Poco a poco llegó la electricidad y se construyeron, por impulso de los socios, la sala de primeros auxilios y el jardín de infantes.  Gladys recuerda que “la Cooperativa cobraba un bono para pagarles a los médicos y a las enfermeras, hasta que con el correr de los años el Municipio se hizo cargo”.

“Últimamente llegaron muchas fábricas y se va a construir el parque industrial. Eso es lindo porque le va a dar trabajo a mucha gente, sin la necesidad de viajar”, señala Atilio, quien trabajó unos años en una fábrica de San Isidro antes de encontrar su puesto en Loma Verde, bien cerca de su casa.

El tiempo pasa y los cambios llegan, pero “Loma Verde sigue siendo tranquilo. Acá no hay robos, ni violencia como puede pasar en Escobar”, acuerdan.

Tanto Gladys como Atilio tienen contacto diario con los vecinos de Loma Verde. Ella en la oficina y él en las calles. Ambos rescatan la honestidad y amabilidad de la gente.

“Acá nos conocemos todos. Pocas veces tengo problemas, como alguno que se colgó de la luz. Pero se les explica y entienden. Yo no puedo hacer la vista gorda si hay algún pillo. Voy, los descuelgo y les explico que se acerquen a buscar un plan de pago”, dice Atilio con firmeza.

Han pasado los años y la Cooperativa creció mucho. Antes era todo muy a pulmón. Con el tiempo se progresó en recursos, infraestructura, personal y servicios. “Todos son dueños de la Cooperativa”, afirma Atilio. La historia reciente de Loma Verde va paralela a la de esta institución. Con el compromiso de los vecinos y la transparencia en la gestión, el futuro será de más crecimiento y desarrollo en beneficio de todos los vecinos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *