lunes 3 de octubre de 2011

“La Cooperativa es mi vida”

A fin de 2011 Rubén Seel cumplirá 22 años trabajando en la Cooperativa de Loma Verde. Un empleado todo terreno que entró sin saber nada, aprendió mirando y hoy conoce las líneas eléctricas como la palma de su mano.

Supo lo que era el trabajo duro a los 12 años, de la mano de su padre, que era tractorista en los campos formoseños, más precisamente en El Colorado. Sembraban, araban, disqueaban y cosechaban, generalmente de noche, porque de día el calor en el norte del país suele ser insoportable.

“A los 23 años le dije a mi viejo: ‘Me voy, porque acá, en el campo, no va más, te matás laburando y no ganás nada. Allá en Buenos Aires es otra vida, vos ganás un sueldo y sabés que a fin de mes tenés la platita’. Me vine para acá y mi viejo se quedó solo, pero aguantó nada más que dos meses. Vendió todo y me siguió. Ahora está toda la familia acá, los siete hermanos”, cuenta Rubén, explicando su fortuita llegada a Loma Verde.

Empezó como casero en una quinta. Allí estuvo 14 años y conoció a la madre de su única hija. “Ella iba a cuidar a una viejita y terminamos juntos”, recuerda Rubén, quien después se separó y siguió su vida solo.

Luego pasó algún tiempo trabajando en el country Loma Verde y finalmente entró a la Cooperativa en 1989, a los 35 años. “Vine a pedir trabajo acá porque me dijeron que capaz que necesitaban a alguien para poda. Pero al final me tomaron como ayudante y así fui aprendiendo de lo que hacían los demás. Después me tomaron efectivo”.

Rubén no tenía idea de electricidad, todo lo aprendió mirando y poniendo en práctica lo que veía. “Así aprendí a cambiar un poste, a subirme a ellos con los ganchos y todo lo demás. Salíamos con la cuadrilla y hacíamos de todo”.

“Siempre hice lo mismo, no hay otro laburo acá. También se toma el estado de los consumos de medidores, repartimos las boletas, hacemos pozos, trabajo de línea, aprendí a cambiar crucetas y aisladores”.

Cumple con su horario a rajatabla. Y más también: si le toca a la mañana, trabaja de 7 a 13, y en el turno tarde lo hace 13 a 19. Pero siempre llega una hora antes para limpiar y lavar la camioneta con la que luego saldrá a recorrer las calles de Loma Verde junto a su compañero Luis Pereyra. “Él es muy buen colega y muy trabajador. Somos un equipo, a mí me gusta porque con él, por ejemplo, salimos a podar para mantener la línea limpia y que no se caiga un árbol a la noche sobre un cable y tengamos un problema. Hay mucha poda para hacer, pero a veces no hay tiempo porque acá hay mucho trabajo. Tenemos que salir a hacer cortes de los socios que no pagan o te mandan para hacer una reconexión o vamos por desperfectos. A lo mejor se cortó un cable, o nos avisan de uno que está sacando chispas o a algún socio le salta una fase y vamos y se lo reparamos”.

Rubén no se queja de absolutamente nada, dice que disfruta todas y cada una de las tareas que le toca realizar. Ninguna más ni menos que otra. “La Cooperativa es mi vida y estoy muy conforme con todo”, asegura.

Es un hombre recto, que jamás haría las cosas de una forma que no fuera la correcta. “No uso la camioneta para salir a pasear. Es nada más que para el trabajo. Si la llego a necesitar para ir a Escobar, por ejemplo, la pido. Eso de salir a escondidas no va conmigo ni con lo que me enseñó mi padre desde muy chico”.

En estos 22 años, Rubén sólo faltó dos veces. Dice que ha ido engripado, enfermo, con fiebre, porque “al trabajo no le tengo miedo”, concluye.

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